…se acusó al hombre por haberse enfrentado a sus miedos primordiales y haberlos hecho un Uno consciente de su ser, entonces de juzgó al hombre y se le sentenció a ingerir veneno de espíritu y pasar el resto de sus días con los sentidos embotados.
Convencido desde siempre de que Sócrates había decidido de manera errónea, optó por el camino contrario, escapó de la nueva cicuta para almas y eligió ser exiliado y marcado, dejando de tener pares y viviendo por siempre con el estigma de los infelices que han logrado ver más allá.
Temeroso, triste y solo. Libre.
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